Si hay una calle en Madrid que condensa la historia cultural de los últimos cien años es la Gran Vía. Teatros, cines, carteles luminosos y un trasiego constante de personas la convierten en un escenario vivo. Pero lo que quizá no sabes es que en esta avenida se esconden algunas de las anécdotas más curiosas del mundo de la moda y el arte contemporáneo, gracias a la figura de Emilio Saliquet, el creativo que lleva más de tres décadas construyendo cultura de marca desde su agencia Replica. De sus historias, surgen las paradas de esta ruta que puedes hacer a tu aire, gratis y cuando quieras.
Saliquet, fundador de la revista Vanidad, es de esos nombres que han moldeado la imagen del lujo en España sin apenas aparecer en los focos. Su agencia ha orquestado campañas para firmas como Coca-Cola o Jimmy Choo, pero el episodio que mejor conecta la Gran Vía con la escena cultural es el de Aquarius y El Canto del Loco. En 2007, la marca puso en marcha un autobús que recorrió la Gran Vía con el grupo a bordo, congregando a más de 58.000 personas sin necesidad de redes sociales, puro boca a boca. Fue un fenómeno que paralizó la calle y que hoy recuerda cómo el asfalto puede ser también un escenario.
La otra gran historia que te invito a recordar mientras caminas saltó de la Gran Vía a un museo, pero su eco es pura cultura urbana: la noche en que Alaska convenció a Takashi Murakami. El artista japonés dudaba de que la vocalista fuera la persona idónea para inaugurar su retrospectiva en el Guggenheim de Bilbao, hasta que la vio actuar. Tras el show, confesó que había sido una de las experiencias más fascinantes de su vida. Una conexión entre el pop español y el arte pop que nació de la intuición de un creativo que opera desde una oficina a escasos metros de la Gran Vía, en Alcalá 55.
El creativo que conectó Alaska, Murakami y la Gran Vía
Antes de que te lances a la calle, merece la pena detenerse un momento en quién es este hombre de perfil bajo que ha hilado campañas icónicas. Emilio Saliquet empezó en el mundo editorial con Vanidad, la primera cabecera española dedicada a las tendencias, y desde entonces ha asesorado a marcas de lujo internacionales sin perder su mirada artesanal. Su agencia, Replica, cumple 25 años en 2026 y tiene como sello saber contar historias que trascienden el anuncio: «Las herramientas cambian, pero la manera de contar historias, no», dijo en una entrevista reciente.
Esa filosofía explica por qué un autobús con un grupo de pop pudo movilizar a una multitud sin un solo tuit. O cómo la cantante más transgresora del pop español acabó siendo la llave para que uno de los artistas plásticos más cotizados del mundo abriera las puertas de su muestra en Bilbao. Ambas anécdotas tienen un nexo común: la capacidad de Saliquet para unir mundos aparentemente distantes y, de paso, convertir la Gran Vía en escenario de historias que merecen ser recordadas.
Las paradas de la ruta: de Plaza de España al cruce con Alcalá
Arranca en la Plaza de España, el extremo oeste de la Gran Vía. Aquí, el skyline de Madrid te da la bienvenida con la Torre de Madrid y el Edificio España como telón de fondo. Desde este punto, imagina el rugido del autobús de Aquarius en aquella tarde de 2007, avanzando hacia el este mientras miles de jóvenes ocupaban las aceras. No hay que pagar nada; solo caminar y dejarse llevar por la energía de la avenida.
La siguiente parada la marcas tú. A la altura del número 21, el imponente Edificio Telefónica recuerda la época dorada de las telecomunicaciones. Fue el primer rascacielos europeo y, aunque no esté directamente ligado a las anécdotas de Saliquet, forma parte del carácter cosmopolita que el creativo siempre ha buscado en sus proyectos. Unos pasos más adelante, en el Palacio de la Prensa (Gran Vía, 40), puedes hacer una pausa para imaginar el choque de mundos que supuso la unión de lo performativo y lo visual. Tal y como Murakami se rindió a Alaska, en esta zona la cartelera y las artes escénicas conviven con el comercio de lujo.
Continúa hasta casi desembocar en la calle Alcalá. El número 55 de Alcalá, a apenas 50 metros del final de la Gran Vía, es la oficina de Emilio Saliquet y su agencia Replica. Detrás de esa fachada se cuecen ideas que luego vemos en vallas publicitarias, en desfiles o en la revista Vanidad, que sigue publicándose 30 años después. No podrás entrar, pero solo con pasar por delante entiendes que la creatividad no siempre necesita un gran escaparate.
La Gran Vía no solo es un escaparate de tiendas: cada metro esconde una historia de cultura, música y creatividad que puedes revivir con un simple paseo gratuito.
Cómo hacer la ruta: horario, duración y consejos
No hay un horario fijo. Cualquier día del año puedes calzarte las zapatillas y recorrer los aproximadamente 1,3 kilómetros que separan Plaza de España de Alcalá. Te llevará entre una hora y hora y media si vas despacio, ideal al atardecer cuando las luces de los teatros empiezan a encenderse y la Gran Vía se transforma. Como es un plan autoguiado, tú marcas el ritmo.
Para no perder detalle, te sugiero que descargues un mapa o consultes la señalización turística que encontrarás a lo largo del recorrido. No necesitas entrada ni reserva previa; la ruta es totalmente gratuita. Eso sí, si te apetece redondear la experiencia, puedes terminar en alguna de las terrazas de la zona de Cibeles, pero eso ya corre de tu cuenta.
Y recuerda: la Gran Vía está viva. Así que mientras caminas, fíjate en los carteles, los murales y la gente; quizá te cruces con la próxima historia que un día contaremos. Para más información sobre la avenida, consulta la web oficial de turismo de Madrid.
📌 Ficha del Plan
- Tipo de ocio: Ruta cultural a pie.
- Precio medio: Gratuito.
- Para quién es ideal: Amantes de la cultura urbana, curiosos y cualquier persona que quiera descubrir las historias ocultas de la Gran Vía.








