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martes, 29 noviembre 2022 1:28

Las casas de apuestas en Madrid se enfrentan a la normativa nacional

Las casas de apuestas han proliferado durante los últimos años. Tras ser noticia recientemente, hoy vuelven a saltar a las portadas por sobrepasar los límites legales. Partidos políticos como Podemos se ha hecho eco de este suceso y denuncian de manera reiterada la presencia de estos locales en barrios obreros, como es el ejemplo de la calle de Francisco Silvela.

Hablando a nivel histórico hay que analizar la base de los juegos de azar en España. Algo que deja en evidencia lo que está sucediendo hoy en día. El sector de las apuestas deportivas aterrizó con bastantes años de retraso en España, en gran parte si se compara con otros países del entorno como son Gran Bretaña, donde ya proliferaban las emociones en torno a la carreras de caballos u otros deportes por medio de los pronósticos deportivos.

Algo que llegó con retraso a la capital, pero que fue tomado con ansias de poder. Un poder económico que los más confiados creen que pueden alcanzar por medios de datos hipotéticos.

LAS CASAS DE APUESTAS ESQUIVAN LA LEY

Podemos fue el partido encargado de volver a poner sobre la parrilla de actualidad la situación sobre las casas de apuestas en barrios con la renta más baja cómo puede ser el de la Guindalera. 

Una zona donde se pueden observar hasta tres locales de juegos de azar seguidos, la calle Francisco Silvela, a la altura de la plaza de Diego de León. Es uno de los puntos más evidentes donde se puede observar la escasa coordinación con la barrera legal que existe. Hay una ley que limita la existencia de las casas de juegos de azar , se estipulan los metros que debe haber entre unos locales y otros.

Según la norma vigente, los nuevos establecimientos específicos de juego y apuestas tendrán que guardar una distancia mínima de 150 metros con respecto a centros oficiales de enseñanza reglada y 300 metros de otro espacio de juego ya existente. Una ley que las casas de apuestas sobrepasan e incuso esquivan plantando cara a las regulaciones existentes. La calle Francisco Silvela, tal y como planteábamos previamente de ejemplo, cuenta con tres casas de apuestas, dos de ellas anexas. Uno de cada 4 institutos está a menos de 200 metros de una casa de apuestas.

“GOLPE” AL AZAR

Asociaciones de vecinos, equipos políticos y defensores del pueblo, reclaman la persistencia de una situación insostenible. Una tendencia a la que se ha plantado cara y se busca dar un nuevo golpe en la mesa. Un alto en el camino que será un parche únicamente; ya que, grandes dirigentes políticos como Alberto Garzón, ministro de consumo de España mantiene una “Apuesta” sobre los riesgos que tienen los juegos de azar, tratando de arrasarlos de manera directa.

Garzón siempre ha querido mostrar una idea de unidad con el pueblo, quienes temen la situación del mundo de las apuestas. Para el político de Izquierda Unida, los grandes afectados son los jóvenes, quienes desde la adolescencia se ven envueltos en estas conductas, las cuales pueden desencadenar en una patología psicológica grave, como es la ludopatía.

Es por ello, que partidos como Podemos se han reunido para reclamar la inexistencia de unas ayudas claras sobre los afectados. Además, se ha puesto de manifiesto la necesidad de establecer una corriente de términos legales que señalen los juegos de azar como una pandemia que requiere ser erradicada.

SOBREPASO DE LOS LÍMITES

Los adolescentes ven las apuestas sobre resultados deportivos como un juego, como una de las tendencias más vigentes para poder optar a una ampliación de su capacidad económica.

Hace un par de años, cuando la crisis por la COVID-19 planteaba un cierre de comercios, hostelería y por consiguiente, una limitación de la movilidad. La casas de apuestas continuaban abiertas y se permitía el acceso a las mismas, sin importar la hora que fuese.

En definitiva, el negocio de apostar interesa a grandes cargos; el poder económico se vive con ansias y los más necesitados, son capaces de aferrarse a un “clavo ardiendo” con tal de revertir su situación. Aunque, indudablemente en lugar de mejorar su economía, la realidad es que se hunden desmedidamente.

Un dardo hacía la apuesta, un veneno dulce que desespera y abre cada vez más una brecha social.