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jueves, 6 mayo 2021 15:42

La Plaza de Santa Ana: el epicentro del Barrio de las Letras

En pleno centro de Madrid se abre un espacio donde los madrileños conquistaron el espacio y los coches tienen prohibido el paso. Esta no es otra que la mítica Plaza de Santa Ana.

Desde sus vecinos más ilustres, hasta la historia de sus establecimientos más míticos. Recorre los pasos que antes ya recorrieron personajes como Lorca, Calderón de la Barca o la mismísima Ava Gardner.

Una plaza de padre francés

Antes de hablar de la historia de la Plaza de Santa Ana hay que remontarse a lo que había en este lugar antes de su construcción. Para ello, viajamos a pleno siglo XVII.

Históricamente, en este lugar se encontraba el Convento de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Ana. Este era uno de los muchos centros religiosos que había en el Madrid de la época.

Plaza de Santa Ana
José Bonaparte, rey de España

Sin embargo, el futuro de este convento cambió radicalmente con la llegada del hermano de Napoleón a la capital. José Bonaparte, entre otros muchos motes, era conocido como ‘el Rey Plazuelas’.

Este sobrenombre le venía de que tenía una gran obsesión con abrir espacios en mitad de la ciudad, derribando edificios para crear amplias plazas. El Convento de las Carmelitas fue una de sus víctimas.

Así era la primera Plaza de Santa Ana

Corría entonces el año 1810 cuando se iniciaron las obras para construir la nueva Plaza de Santa Ana. Este lugar tomaría su nombre como homenaje al antiguo convento que ocupaba su lugar.

A pesar de ello, no siempre se llamó así. En 1860 le cambiaron el nombre por ‘Plaza del Príncipe Alfonso‘, sin embargo, los madrileños se negaron a llamarla así y en durante la II República volvió a su nombre original.

Plaza de Santa Ana
Plaza de Santa Ana, siglo XIX

La Plaza de Santa Ana sería un lugar totalmente pionero en la capital. En primer lugar, en 1812 sería la primera plaza pública con zonas verdes de Madrid. En 1925, se convertiría en la primera plaza peatonal de la Villa.

Una vez construida, llegó el dilema de cómo decorarla. Lo primero que se instaló fue una monumental fuente que presidía el espacio. Una estatua titulada ‘Carlos V con el furor’ coronaba este lugar.

En la actualidad esta estatua se encuentra en la sala de las esculturas del Museo del Prado

Un rumor empezó a correr por Madrid que decía que esta estatua representaba la supremacía del Emperador sobre los pueblos castellanos, cosa que instaba muchos a derribarla. Ante el miedo a los vándalos, el ayuntamiento decidió retirarla.

Tras ella, en 1825 se instaló un obelisco en el lugar que ocupaba la fuente. En este lugar se citaban los aguadores del barrio para llenar sus cantaros. Con el tiempo acabaría siendo remplazada.

Los míticos comercios de la Plaza de Santa Ana

Debido a su carácter peatonal, la Plaza de Santa Ana en seguida se convirtió en un lugar de encuentro de todos los madrileños. En los bajos de sus edificios se instalaron todo tipo de negocios.

Plaza de Santa Ana
Unas jóvenes juegan en la Plaza de Santa Ana

Los primeros establecimientos que estuvieron allí fueron la prendería ‘Doña Margarita’, una barbería, un almacén de papel, una nevería. También había una famosa cafetería que hacía café con ‘leche de oveja’.

En la Plaza de Santa Ana también se instaló una de las primeras academias de idiomas de todo Madrid. A ella los madrileños acudían a aprender francés, inglés y alemán. Estuvo abierta muchos años.

Plaza de Santa Ana
Recorte del periódico El Imparcial

Con el tiempo no ha perdido este carácter festivo. Muchos de esos aún se conservan. Es el caso de la Cervecería Alemana del número seis de la Plaza de Santa Ana. Nació en 1904 y en su historia recibió a clientes tan míticos como Ava Gardner o Ernest Hemingway.

El Teatro Español y sus dos vecinos más ilustres

A pesar de toda la vida que tiene la Plaza de Santa Ana, si hay un edificio que corona este lugar, ese es el Teatro Español. Sin embargo, antes de él, ya existió un lugar donde se representaban todo tipo de obras en este mismo sitio.

El ‘Corral del Príncipe’ ocupaba el lugar que hoy preside el Teatro Español. Este nació gracias a Felipe II, que decidió autorizar la construcción de una serie de espacios permanentes dedicados al teatro.

Teatro Español (1930)

Este fue testigo de las mejores noches de la historia del teatro español del Siglo de Oro. Sin embargo, a pesar de este éxito, tenía un problema: se incendiaba habitualmente.

A lo largo del siglo se intentó remodelar en varias ocasiones, hasta que en 1849 la reina Isabel II decide cambiarle el nombre y pasó a llamarse Teatro Español. Dos años después el Ayuntamiento de Madrid se hizo propietario del inmueble.

En la puerta del Teatro Español hay dos vecinos de la Plaza de Santa Ana que viven inmóviles recordar los días en los que ellos eran los reyes de este lugar. No son otros que Calderón de la Barca y Federico García Lorca.

Estatua de Pedro Calderón de la Barca en la Plaza de Santa Ana

Calderón de la Barca vivió en la villa durante el Siglo de Oro del teatro. Sus obras se estrenaron en los corrales de Madrid pero, de entre ellos, el favorito era el Corral del Príncipe.

Por su parte, Federico García Lorca estrenó en 1934 su obra Yerma en la sala principal del Teatro Español. El poeta granadino se convirtió en uno de los habituales entre las butacas de este templo a la dramaturgia.

Federico García Lorca en la plaza de Santa Ana

Si nos fijamos, ambos se encuentran mirando al teatro, como recordando aquella época en la que largas colas de gente esperaban en la puerta para poder disfrutar de sus obras.

Lo más curioso de la Plaza de Santa Ana

En la actualidad, la Plaza de Santa Ana sigue albergando esas colas esperando a entrar al Teatro Español. Sin embargo, estas se entremezclan entre todos los madrileños que buscan disfrutar de un rato libre en sus terrazas.

Si hacemos un pequeño recorrido por sus fachadas, lo primero que nos encontramos es antiguo Hotel Reina Victoria. Este era conocido como el ‘hotel de los toreros’, pues todos se solían alojar aquí cuando venían a torear a Madrid.

Hotel Reina Victoria en la Plaza de Santa Ana

Este edificio tan pintoresco también albergaría a los famosos Almacenes Simeón en su planta más baja. Durante mucho tiempo, fue uno de los establecimientos comerciales más famosos de todo Madrid.

Durante los años 60, la Plaza de Santa Ana se convirtió en el epicentro del movimiento hippie madrileño. Allí se reunían alrededor de un mercado de artesanía que habían instalado para vender sus creaciones.

Plaza de Santa Ana (1953)

Después de recorre la historia de esta mítica plaza madrileña, estamos seguros de que Lorca, Calderón, Hemingway o Ava estarían encantados de volver a pasar una tarde tomando algo disfrutando del sol de las terrazas de la Plaza de Santa Ana.