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jueves, 30 junio 2022 6:38
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Epidemias y hambre: la historia de las valientes verduleras madrileñas

En el corazón de La Latina, se encuentra uno de los mercados más antiguos y más grandes de la capital. El Mercado de la Cebada hace competencia al Rastro cuando cada domingo, cientos de madrileños se acercan a este castizo barrio a disfrutar de su animado ambiente.

Hoy recordamos la historia de unas heroínas olvidadas que pasaban horas en sus puestos hasta que decidieron levantar la voz. Ellas fueron las verduleras del Mercado de la Cebada.

La plaza de Riego, testigo de las ejecuciones más famosas de la historia

Los mercados de Madrid son patrimonio indiscutible de la ciudad. Más que un lugar donde poder hacer la compra, se han convertido en toda una institución que sobreviven al paso del tiempo y a la llegada de las grandes superficies

La Plaza de la Cebada lleva en Madrid desde principios del siglo XVI. Por aquel entonces, la cercana Puerta de Toledo servía como una de las entradas a la capital. Estos terrenos aledaños se utilizaban para separar la cebada que llegaba desde fuera.

Poco a poco se fue convirtiendo en un lugar de encuentro y numerosos comerciantes plantaban allí sus puestos de productos frescos. Así nace la tradición de comerciar en la calle que tan unida a la historia de Madrid se encuentra.

Sin embargo, en el siglo XIX también tenía otra curiosa utilidad. La Plaza de la Cebada era el lugar donde se ejecutaban las sentencias de muerte mediante la horca y el garrote vil. Los madrileños, movidos por el morbo, se acercaban allí a ver estas desagradables ejecuciones.

Ilustración de la ejecución del General Riego en la Plaza de la Cebada.

Una de las más sonadas fue la del General Riego, en 1824. Este militar se había levantado en armas en contra el rey Frenando VII, cosa que le obligó a firmar la Constitución de 1812. De aquella época surgió esta coplilla en las calles de Madrid:

Por los serviles, no hubiera Unión. Ni si pudieran, Constitución. Pero es preciso roan el hueso y el liberal les dirá eso:. ¡Trágala, perro!

Coplilla popular

Cuando Fernando VII vuelve al poder, decide condenar a muerte a Rafael de Riego. Este muere ejecutado en la horca justo en la Plaza de la Cebada. Así relataba Benito Pérez Galdós este episodio de la historia de España:

«Como si montarle en borrico hubiera sido signo de nobleza, llevábanle en un serón que arrastraba el mismo animal […]; cubierta la cabeza con su gorrete negro, lloraba como un niño».

Benito Pérez Galdós

Otro de los que murió en el garrote vil de esta céntrica plaza fue el famoso bandolero madrileño Luis Candelas. Este singular personaje nació en Lavapiés y fue uno de los grandes protagonistas populares del siglo XIX.

Ejecución por garrote vil de Luis Candelas.

A pesar de una larga carrera criminal en la que se incluían robos y peleas, siempre presumía de que jamás había matado a nadie. Aún así, este Don Juan fue condenado a muerte por la reina María Cristina a pesar de suplicarle clemencia. 

El origen del primitivo mercado de La Cebada

La poca salubridad que daba el lugar propició que se tuviera que construir un edifico que albergara todos estos puestos con productos frescos traídos de toda España.

En 1870 comienzan las obras y tardaron cinco años. El 11 de junio de 1875 el Rey Alfonso II inauguraría el flamante Mercado de la Cebada.

El Mercado de Les Halles en París serviría de inspiración para crear este nuevo centro de abastos para la capital. En seguida se convirtió en un símbolo de modernidad gracias a su arquitectura de hierros y muy típica de la época.

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El primer mercado de La Cebada

Para que nos podamos hacer una idea de cómo era, este tipo de arquitectura con hierros no eran muy usual en Madrid. El Mercado de San Miguel puede ser uno de los pocos ejemplos que mantienen este estilo arquitectónico.

Por allí pasaba todo Madrid a diario. Con la cesta de mimbre en los brazos, los madrileños recorrían los puestos de pescado, fruta, verdura y carne para hacer la compra cada día. Sin duda era uno de los lugares más frecuentados.

El estado de este nuevo mercado debido a la cantidad de gente que lo visitaba, se fue debilitando. En 1956 no quedó más remedio que derribarlo, perdiendo para siempre uno de los edificios más importantes de Madrid.

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El actual Mercado de La Cebada

Tan solo dos años después, en 1958, se construiría de nuevo un nuevo mercado en el mismo lugar y con el mismo nombre, pero con una estructura muy distinta.  Este es el actual Mercado de la Cebada que aún hoy podemos visitar cada día en el barrio de La Latina.

Las verduleras de La Cebada, toda una institución

Uno de los episodios más interesantes que sucedieron en este Mercado de la Cebada fue protagonizado por sus verduleras. “Ser una verdulera” se utiliza como insulto para referirse a las mujeres con carácter y sin pelos en la lengua.

¿Por qué eran tan peleonas las verduleras? Pues porque el único jornal que llegaba a sus casas era el suyo. Esto hacía que la competencia fuera feroz y que muchas veces se tuvieran que pelear entre ellas para conseguir llevarse los más clientes posibles.

La calle de la Ruda, donde se colocaban las verduleras se convertía en una gran pista de patinaje cuando estas recogían sus puestos. Esto era debido a que se creaba una mezcla entre las pieles que estas tiraban y los restos de los carniceros y pescaderos que las acompañaban.

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Calle Toledo, esquina con calle La Ruda. Principios del siglo XX

Estas mujeres aprendían el oficio desde pequeñas. Ser verdulera era uno de las profesiones más desprestigiadas de la época. De hecho, solía ser hereditaria. Si tu madre era verdulera, tú estabas destinada a serlo también.

Su manera deslenguada de expresarse y su poca vergüenza las convertía en unas apestadas de la época. Lo que no se tenía en cuenta es que, en realidad, simplemente eran mujeres fuertes que luchaban trabajando sin descanso por llevar un plato de comida a casa.

Uno de los periódicos más importantes del momento las definía así:

“La calle de la Ruda se ha convertido en una mansión de furias, a juzgar por los descompasados gritos y obscenas palabras con que algunas verduleras allí situadas corrompen el aire, por medio del cual llegan sus inmorales dichos a oídos de jóvenes honestas y de la pacífica vecindad. Las referidas vendedoras impiden además el tránsito e insultan a cuantas personas de ambos sexos tienen la desgracia de pasar, y de vez en cuando disputan unas con otras, resultando de semejantes contiendas una salva de puñetazos, tirones de orejas, repelones y zapatazos”.

Periódico de la época

El día que las vendedoras madrileñas levantaron aún más la voz

El verano de 1892 fue la fecha clave. Aquel día, las verduleras pasaron del repudio, a ser un referente de valentía para el pueblo madrileño

Las verduleras de la cercana calle de La Ruda y del propio mercado iniciaron una revuelta que enseguida se extendería por todas las calles de la capital. Un verdadero motín que hizo arder Madrid.

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Ilustración del asalto de las verduleras madrileñas

Es curioso cómo se repite la historia. Una fuerte epidemia de Cólera que atacó a Madrid en la época. Los comerciantes ambulantes se quejaban de que iban a perder clientela debido a que la enfermedad haría que sus vecinos se quedaran en casa y no salieran a comprar.

Una de las medidas era la desinfección de las calles y mercados. Estamos hablando de finales del siglo XIX, por lo que los métodos no eran como los que ahora todos conocemos. El remedio era bastante peor que la enfermedad.

Además de todo ello, el gobierno decidió subir notablemente los impuestos a todos los vendedores ambulantes, que el beneficio de cada día a veces no les daba ni para poder subsistir dignamente. Esto fue la gota que colmó el vaso y que hizo rugir a estas madrileñas.

“¡Cerrad las tiendas! ¡Que se coman los codos de hambre los ricos! ¡Pan para los pueblos!”

Consignas que gritaban las verduleras

La protesta de las verduleras de La Cebada hizo que Madrid ardiera como la pólvora. La capital se convirtió en todo un campo de batalla lleno de gente que se unió a las reivindicaciones de estas mujeres valientes que decidieron alzar la voz.

Uno de los episodios más curiosos fue cuando una de las asaltantes decidió tirarle una alcachofa a la cabeza del gobernador de Madrid. Poco a poco más comerciantes se fueron uniendo a la protesta, entre ellas, las fruteras, que disfrutaban de un estatus mayor.

Armas ‘ecológicas’ contra las injusticias

Fue tan importante este motín popular que hasta sacaron chistes de todo esto. Uno de los que más corrió por las calles de Madrid fue el que decía:

“Un hambre con un saco insultaba a las verduleras: -¿Qué hace usted? -Todo lo posible para que me tiren patatas: es mi única esperanza de comer.

Chiste popular

A pesar de la importancia que tuvo, las verduleras del mercado de la Cebada soy hoy unas auténticas desconocidas para la mayoría de los madrileños. Cientos de mujeres que quedaron de nuevo en el olvido.

Mujeres comprando en los puestos de verduras de la calle de La Ruda

Es hora de reivindicar su papel protagonista en el Madrid de la época. Los vecinos de Madrid merecen conocer la fuerza que tuvieron estas mujeres, capaces de hacer cambiar el rumbo de la historia sin armas y con tomatazos.