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viernes, 9 diciembre 2022 21:09
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El Hayedo de Tejera Negra, rojos y ocres nos esperan

Existen pocos rincones tan cerca de Madrid y a la vez tan desconocidos como es la sierra del Ocejón, que custodia su popular ruta de la Arquitectura Negra en el norte de Guadalajara; o la Sierra de Pela, rayana con la vecina Soria, y ambas a escasos quilómetros una de la otra.

La ruta del Románico Rural de Guadalajara, un legado de los cristianos que repoblaron esta zona a finales del siglo XI, debería de ser visita obligada todos los otoños, un recorrido que tiene su mejor representante en Villacadima, muy cerca de Galve de Sorbe, donde a la sombra de su abandonado castillo podremos tomar nuevas fuerzas, tanto en el hostal como en la casa rural de dicha población.

Desde Madrid se puede acceder por la A-2, si no tenemos miedo a las curvas, o por la carretera de Burgos, la A-1 si deseamos disfrutar de un paisaje más rectilíneo, en ambos casos, las vistas infinitas están aseguradas.

Villacadima, un pueblo prácticamente deshabitado, está resurgiendo a base de casas de segunda residencia y en gran medida la culpa la tiene su iglesia románica, Bien de Interés Cultural como no podía ser de otra manera.

Podremos descansar en Galve de Sorbe, en la ladera norte de la sierra del Alto Rey, junto al castillo de los Estúñiga, con su flamante torre del homenaje que esta luchando por seguir en pie y que las administraciones públicas se encarguen de ello, batalla diferente para las que fue creado, pero que en estos tiempos, por desgracia, está presente en demasiados frentes.

Con la puerta derribada, los valientes entran en este pasado arreglado a base de rasillón y bloque de hormigón, una pena para un castillo desde el que se divisa gran parte de la Serranía de Guadalajara, y si nuestra vista es agraciada, seremos capaces de enfocar la plaza Mayor del municipio, donde una picota gótica (s. XIV-XV) nos invita a conocer más de la historia y de las gentes de esta zona tan cercana y a la vez tan lejana.

Es en el otoño, cuando un mayor número de visitantes buscan la hoja caída en el Hayedo de Tejera Negra, la hoja caída y la infinidad de tonalidades de rojos y ocres que pintan las copas de los árboles, de las que aún no se han venido abajo.

Muy cerca de nuestros dos pueblos, a mitad de cada uno de ellos se encuentra Cantalojas, y el hayedo más al sur de Europa, en el que muchos habitantes de estos pueblos, ayudaron a crecer y recuperarse hace ya más de 70 años.

Su orografía así como su clima, caracterizado por unos inviernos muy fríos, de los más fríos de España y unos veranos suaves, hacen de él un lugar idóneo para la búsqueda de setas y hongos, manjares muy demandados, entre los que destacan los Boletus Edulis.

Pero cualquier momento es bueno par conocer este rincón, disfrutar de un baño en las innumerables pozas de los ríos Lillas y Zarzas, que nacen del glaciar La Buitrera, disfrutar el majestuoso vuelo del águila real, el milano real o el azor.

El Parque cuenta con un Centro de Interpretación y ofrece rutas guiadas los sábados y domingos de octubre y noviembre, y aunque la entrada es libre en otoño es necesario reservar plaza de aparcamiento.

En las cercanías destaca también Valverde de los Arroyos, nombrado recientemente como uno de los pueblos más bonitos de España, municipio que destaca por el uso de la arquitectura negra en sus construcciones, caracterizada por el empleo de la pizarra y por su unión con la naturaleza, donde destaca las chorreras de Despeñalagua, una cascada con una caída de más de ochenta metros de altura, que no podemos dejar de ver.