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El bar de los torreznos en Villaverde que apareció en ‘Los hombres de Paco’: tapeo con historia

En Villaverde Alto, este bar de toda la vida sirve los torreznos mƔs famosos del barrio desde hace mƔs de 20 aƱos. Con un guiƱo a 'Los hombres de Paco' y sin horario de cierre, es un plan de tapeo con personalidad y mucho sabor.

Si hay un rincón en el sur de Madrid que aúna historia de barrio, un bocado crujiente y una buena dosis de personalidad, estÔ en Villaverde Alto. Hablo de El Torrezno, una tasca que lleva abierta desde 1981 y que se ha ganado a pulgas el apodo del vecindario gracias a sus torreznos, esas tiras de panceta fritas que aquí alcanzan la categoría de icono. Porque este bar no es solo un sitio para tapear: es un cruce de caminos donde confluyen la emigración, la televisión y la esencia de un Madrid obrero que se resiste a desaparecer.

Al frente de la barra estĆ” Garo Gavril, un bĆŗlgaro nacido en Montana que llegó a EspaƱa en 2001 y que, despuĆ©s de trabajar en la construcción, empezó como empleado en este mismo local en 2002. Cuando el anterior dueƱo, Arsenio Arias, falleció, la viuda le traspasó el negocio. CorrĆ­a 2009 y desde entonces Garo ha mantenido intacta la receta: el mismo producto, la misma forma de hacer las cosas y el mismo carĆ”cter afable que ha convertido a la clientela en una familia. ā€œSigo comprando productos idĆ©nticos y hago todo igual que antesā€, remarca.

Un bar con solera y una camiseta muy televisiva

El Torrezno es mucho mĆ”s que sus raciones. Es un lugar donde la memoria del barrio se palpa. Vecinos como Javier Cano recuerdan los domingos de los aƱos ochenta, cuando los fieles de la iglesia cercana abarrotaban la tasca al mediodĆ­a y los sĆ”bados se remataba la noche de discoteca con una buena ración. Hoy la clientela sigue siendo mayoritariamente espaƱola y de cierta edad, aunque tambiĆ©n acuden rumanos, a quienes Garo aprecia porque ā€œles gusta beber y comer, no solo beberā€. La convivencia multicultural es total y la norma es clara: buena conducta y pagar lo consumido.

El guiƱo mĆ”s divertido del establecimiento es la camiseta que Garo viste y regala: ā€œLos hombres de Garoā€, un homenaje a la mĆ­tica serie Los hombres de Paco. MĆ”s de 200 clientes habituales tienen la suya y no es raro que organicen celebraciones en las que todos la lucen. La camiseta, con su tipografĆ­a y su guiƱo televisivo, es ya casi el uniforme oficioso del bar.

Datos prÔcticos: dónde cae, cuÔndo ir y cuÔnto cuesta

La tasca se encuentra en pleno corazón de Villaverde Alto, muy cerca de la parroquia del barrio. No hay una dirección exacta grabada en piedra, pero basta con preguntar a cualquier vecino por ā€œel bar de los torreznosā€ para dar con Ć©l. Se puede llegar cómodamente en CercanĆ­as (estación de Villaverde Alto) o en varias lĆ­neas de autobĆŗs urbano que conectan con el resto de la ciudad.

Uno de los grandes atractivos es la ausencia de un horario de cierre estricto: la persiana se baja cuando el último cliente se marcha, lo que lo convierte en un plan flexible para quienes quieren alargar la sobremesa o una cena improvisada. Los precios son los propios de un bar de barrio: las raciones de torreznos, oreja en salsa, pulpo, gambas, callos o huevos rotos con jamón se mueven en una franja que ronda los 4-8 euros, y los bocadillos son igual de generosos y económicos. No se necesita reserva: es llegar y ocupar mesa o barra.

AquĆ­ no hay cartel de cierre: la persiana baja cuando el Ćŗltimo cliente se va, y esa flexibilidad es justo lo que convierte la visita en un plan sin prisas.

El tapeo: mucho mƔs que torreznos

Aunque el nombre lo deja claro, la barra de El Torrezno esconde otros tesoros que merece la pena probar. Los torreznos son la estrella, pero las alitas de pollo, la oreja en salsa y los callos tienen legiones de fieles. Todo se prepara al momento y se sirve en raciones contundentes, perfectas para compartir. El ambiente es el de toda la vida: nada de diseƱos instagrameables ni cartas pretenciosas; aquƭ se viene a comer, a beber cerveza (antes era mƔs frecuente el vermut) y a echar un rato de charla.

Garo no aspira a grandes cambios. Ha comprado una casa en el barrio y se siente un villaverdense mĆ”s. ā€œCon que el negocio siga funcionando como hasta ahora me bastaā€, dice. Y es que despuĆ©s de mĆ”s de dos dĆ©cadas tras la barra, ha visto pasar a todo tipo de personas, pero la clientela fija sigue siendo la que da sentido al local: esa que se pone la camiseta de ā€œLos hombres de Garoā€ y celebra la vida entre torrezno y torrezno.

šŸ“Œ Ficha del Plan

  • Tipo de ocio: Bar de tapeo tradicional, plan de barrio.
  • Precio medio: Entre 4 y 8 euros por ración; bebidas a precio de tasca.
  • Para quiĆ©n es ideal: Amigos y parejas que busquen tapeo autĆ©ntico y sin prisas, vecinos curiosos y amantes de los sabores de siempre.

El bar de los torreznos en Villaverde que apareció en ‘Los hombres de Paco’: tapeo con historia

En Villaverde Alto, este bar de toda la vida sirve los torreznos mƔs famosos del barrio desde hace mƔs de 20 aƱos. Con un guiƱo a 'Los hombres de Paco' y sin horario de cierre, es un plan de tapeo con personalidad y mucho sabor.

Si hay un rincón en el sur de Madrid que aúna historia de barrio, un bocado crujiente y una buena dosis de personalidad, estÔ en Villaverde Alto. Hablo de El Torrezno, una tasca que lleva abierta desde 1981 y que se ha ganado a pulgas el apodo del vecindario gracias a sus torreznos, esas tiras de panceta fritas que aquí alcanzan la categoría de icono. Porque este bar no es solo un sitio para tapear: es un cruce de caminos donde confluyen la emigración, la televisión y la esencia de un Madrid obrero que se resiste a desaparecer.

Al frente de la barra estĆ” Garo Gavril, un bĆŗlgaro nacido en Montana que llegó a EspaƱa en 2001 y que, despuĆ©s de trabajar en la construcción, empezó como empleado en este mismo local en 2002. Cuando el anterior dueƱo, Arsenio Arias, falleció, la viuda le traspasó el negocio. CorrĆ­a 2009 y desde entonces Garo ha mantenido intacta la receta: el mismo producto, la misma forma de hacer las cosas y el mismo carĆ”cter afable que ha convertido a la clientela en una familia. ā€œSigo comprando productos idĆ©nticos y hago todo igual que antesā€, remarca.

Un bar con solera y una camiseta muy televisiva

El Torrezno es mucho mĆ”s que sus raciones. Es un lugar donde la memoria del barrio se palpa. Vecinos como Javier Cano recuerdan los domingos de los aƱos ochenta, cuando los fieles de la iglesia cercana abarrotaban la tasca al mediodĆ­a y los sĆ”bados se remataba la noche de discoteca con una buena ración. Hoy la clientela sigue siendo mayoritariamente espaƱola y de cierta edad, aunque tambiĆ©n acuden rumanos, a quienes Garo aprecia porque ā€œles gusta beber y comer, no solo beberā€. La convivencia multicultural es total y la norma es clara: buena conducta y pagar lo consumido.

El guiƱo mĆ”s divertido del establecimiento es la camiseta que Garo viste y regala: ā€œLos hombres de Garoā€, un homenaje a la mĆ­tica serie Los hombres de Paco. MĆ”s de 200 clientes habituales tienen la suya y no es raro que organicen celebraciones en las que todos la lucen. La camiseta, con su tipografĆ­a y su guiƱo televisivo, es ya casi el uniforme oficioso del bar.

Datos prÔcticos: dónde cae, cuÔndo ir y cuÔnto cuesta

La tasca se encuentra en pleno corazón de Villaverde Alto, muy cerca de la parroquia del barrio. No hay una dirección exacta grabada en piedra, pero basta con preguntar a cualquier vecino por ā€œel bar de los torreznosā€ para dar con Ć©l. Se puede llegar cómodamente en CercanĆ­as (estación de Villaverde Alto) o en varias lĆ­neas de autobĆŗs urbano que conectan con el resto de la ciudad.

Uno de los grandes atractivos es la ausencia de un horario de cierre estricto: la persiana se baja cuando el último cliente se marcha, lo que lo convierte en un plan flexible para quienes quieren alargar la sobremesa o una cena improvisada. Los precios son los propios de un bar de barrio: las raciones de torreznos, oreja en salsa, pulpo, gambas, callos o huevos rotos con jamón se mueven en una franja que ronda los 4-8 euros, y los bocadillos son igual de generosos y económicos. No se necesita reserva: es llegar y ocupar mesa o barra.

AquĆ­ no hay cartel de cierre: la persiana baja cuando el Ćŗltimo cliente se va, y esa flexibilidad es justo lo que convierte la visita en un plan sin prisas.

El tapeo: mucho mƔs que torreznos

Aunque el nombre lo deja claro, la barra de El Torrezno esconde otros tesoros que merece la pena probar. Los torreznos son la estrella, pero las alitas de pollo, la oreja en salsa y los callos tienen legiones de fieles. Todo se prepara al momento y se sirve en raciones contundentes, perfectas para compartir. El ambiente es el de toda la vida: nada de diseƱos instagrameables ni cartas pretenciosas; aquƭ se viene a comer, a beber cerveza (antes era mƔs frecuente el vermut) y a echar un rato de charla.

Garo no aspira a grandes cambios. Ha comprado una casa en el barrio y se siente un villaverdense mĆ”s. ā€œCon que el negocio siga funcionando como hasta ahora me bastaā€, dice. Y es que despuĆ©s de mĆ”s de dos dĆ©cadas tras la barra, ha visto pasar a todo tipo de personas, pero la clientela fija sigue siendo la que da sentido al local: esa que se pone la camiseta de ā€œLos hombres de Garoā€ y celebra la vida entre torrezno y torrezno.

šŸ“Œ Ficha del Plan

  • Tipo de ocio: Bar de tapeo tradicional, plan de barrio.
  • Precio medio: Entre 4 y 8 euros por ración; bebidas a precio de tasca.
  • Para quiĆ©n es ideal: Amigos y parejas que busquen tapeo autĆ©ntico y sin prisas, vecinos curiosos y amantes de los sabores de siempre.