Unas escondidas mazmorras de la Inquisición ocultas en el sótano de una residencia madrileña

Madrid conserva cautelosamente restos de épocas pasadas que han marcado la capital. Entre ellas se encuentran murallas, palacios e incluso mazmorras que datan de muchos siglos atrás. En España los Reyes Católicos implantaron la Inquisición en el año 1478 con la finalidad de acabar con la herejía.

Al mando de la Inquisición se encontraba el Consejo Supremo de la Santa Inquisición que actuaba como tribunal eclesiástico persiguiendo y castigando a todos aquellos que cometiesen delitos de fe. Los bienes de los condenados se repartían entre la iglesia y la monarquía, de modo que ambas instituciones mantenían el poder sobre un aterrorizado pueblo llano.

Madrid, conocida en el año 1561 como Villa y Corte, no tuvo Tribunal del Santo Oficio propio hasta 1650. Uno de los primeros espacios madrileños relacionados con esta institución fue el convento de Nuestra Señora de Atocha. El primer tribunal se situó en la actual calle de Isabel la Católica.

En el edificio que albergaba este tribunal, convertido actualmente en un hotel, se encontraba el Tribunal de Corte y los sótanos las cárceles de la Inquisición. Cuando la Inquisición decidía que el acusado era hereje, éste tenía la opción de convertirse en el auto de fe o asumir el castigo que le sería impuesto.

En función de la sentencia salía de procesión la Cruz Blanca hacia el
quemadero y la Cruz Verde con destino a la Plaza Mayor, siempre custodiados por los Soldados de la Fe. Se trataba de un época difícil para los madrileños, que vivían temerosos antes los poderosos de la capital.

Cerca de la emblemática calle Tirso de Molina encontramos la calle de la Cabeza donde podemos observar restos de la Inquisición madrileña. A la altura del número 14, haciendo esquina con la calle Lavapiés vemos un edificio que a simple vista puede que no nos llame demasiado la atención.

Se trata del Centro Municipal de Mayores de Antón Martín que antaño era la Cárcel de la Corona. Ocultas bajo la común apariencia de una residencia podemos visitar unas mazmorras propias de la Inquisición donde permanecieron arrestados cientos de presos juzgados por el Tribunal del Santo Oficio.

Al acudir a la actual residencia, tenemos la posibilidad de pedir que nos muestren las cárceles situadas en los sótanos del edificio. Según descendemos las escaleras y nos introducimos en los restos que quedan en la capital de aquella horrible época, podemos sentir el frío que desprenden sus paredes y techos originales de aquel entonces.

UNAS PEQUEÑAS CELDAS SIN LUZ NATURAL

Atravesando un estrecho pasillo llegamos a las diferentes celdas que se encuentran unidas con un hueco en la parte superior para facilitar la ventilación. Sus paredes de ladrillo constituyen un espacio claustrofóbico que nos traslada en cuestión de segundos al año 1639.

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La luz natural no llega a estas antiguas cárceles en las que se encontraban los juzgados por la Santa Inquisición, en donde muchos de ellos aguardaban con angustia el peor de los destinos posibles: la ejecución.

La actual residencia de mayores fue una cárcel eclesiástica en la que con el paso del tiempo también se encerraron a presos políticos y civiles. Un edificio de dos alturas y muros de ladrillo que alberga una historia escalofriante. Su patio interior y su entrada principal por la calle de la Cabeza muestran el edificio con un aspecto sobrio y apagado.

Un espacio de 33 metros cuadrados dividido en 5 zonas, todas ellas de ladrillo y techos abovedados, refleja como era la capital madrileña durante los siglos XVII y XVIII. Actualmente debido a la situación sanitaria no se puede acceder al interior de las mazmorras, aunque en circunstancias normales la residencia permite poder entrar y ver por nosotros mismos un lugar que alberga miles de historias.