Se cumplen 10 años de la JMJ: estos fueron los mensajes que dejó Benedicto XVI

El 21 de agosto de 2011, hace ahora diez años, Papa emérito Benedicto XVI, abandonaba España tras pasar cuatro intensos días en Madrid presidiendo la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Durante su estancia, el Pontífice dejo una serie de mensajes a la sociedad y en especial a la juventud. El primero, nada más poner el pie en España fue claro y conciso: “No os avergoncéis del Señor”.

Así, hace una década, en plena crisis económica, en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas, ante autoridades españolas de todos los ámbitos, no quiso dejar de acordarse de muchos jóvenes, que “miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro”.

Antes, en el vuelo papal que le trajo a Madrid, el Pontífice ya había pedido, en su diálogo con los periodistas, responsabilidad ante la crisis económica. La economía no puede referirse a sí misma, sino que el hombre debe estar en el centro de la economía, que no representa sólo el beneficio sino la solidaridad”, dijo.

Esa misma tarde, ante la primera multitud de jóvenes congregados en la Plaza de Cibeles, durante el discurso de bienvenida y tras cruzar a pie la Puerta de Alcalá, criticó a aquellos que “desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias”. “Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos”, advirtió, al tiempo que exhortó a los jóvenes a que su fe sea alternativa válida para los que “se han venido abajo”.

“RADICALIDAD EVANGÉLICA”

En su segunda jornada en España, el Papa defendió la “radicalidad evangélica” de la vida consagrada frente al “relativismo y la mediocridad”, durante su encuentro en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial con 1.664 religiosas jóvenes. “Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado“, destacó.

Poco después, Benedicto XVI se dirigía a más de un millar de profesores, reunidos en la Basílica de El Escorial, a los que advertía de la visión “utilitarista” de la educación que cunde en la actualidad. “Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediatos se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de la ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo del poder”, dijo al tiempo que pidió maestros auténticos, humildes y que busquen la verdad.

“NO PASÉIS DE LARGO ANTE EL SUFRIMIENTO HUMANO”

Por la tarde del viernes, el Papa dirigió a los jóvenes peregrinos otro de sus mensajes más directos: “No paséis de largo ante el sufrimiento humano”. Así, les explicó que sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida “destruiría al hombre mismo”.

SACERDOTES SANTOS

En su tercera jornada, ante 4.000 seminaristas y en la Catedral de la Almudena, Joseph Ratzinger, pidió a los sacerdotes que fueran santos para no crear contradicciones y les animó a no dejarse intimidar “por un entorno que pretende excluir a Dios”. “Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia”, les dijo. No sólo eso, anunció la proclamación de San Juan de Ávila, patrón de los sacerdotes, como Doctor de la Iglesia.

Por la tarde, se encaminó hacia el Instituto Fundación San José para explicar a las personas con discapacidad que “son los protagonistas de esta civilización” y defender la dignidad de “cada” vida. “Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”, les aseguró.

MÁS FUERTES QUE LA LLUVIA

Ya en la Vigilia de Cuatro vientos, el Papa tenía previsto defender el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer, criticar la cultura relativista que deprecia la búsqueda de la verdad y animar a los jóvenes a permanecer fieles a sus vocaciones. Sin embargo, el fuerte aguacero que sorprendió a los asistentes le hizo improvisar y, al reanudar su discurso regaló otro mensaje escueto y claro a los jóvenes: “Vuestra fuerza es mayor que la lluvia”. Y agregó: “Gracias por vuestra alegría y resistencia. El Señor, con la lluvia, nos ha mandado muchas bendiciones, sois un ejemplo”.

De vuelta a Cuatro Vientos en la misa de envío de la JMJ del domingo, el Papa quiso saber cómo habían pasado la noche los jóvenes tras la tormenta y les dijo que había pensado mucho en ellos: “Esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez; y no sólo los ojos, sino también el corazón –prosiguió, de nuevo improvisando–. Eso os habrá permitido rezar”.

SEGUIR A JESÚS EN LA IGLESIA

Más tarde, en la homilía, Benedicto XVI lanzó un último mensaje a la multitud de más de un millón y medio de jóvenes de todo el mundo: “Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia”. Por eso, les pidió que vayan a misa los domingos, que se confiesen y que recen. “El mundo necesita el testimonio de vuestra fe. A vosotros también os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes (…) y no se dejan seducir por faltas promesas de un estilo de vida sin Dios”, sentenció.

Y, cuando ya le quedaba poco más de una hora para el regreso, el Pontífice quiso dar en persona aliento directo a los 12.000 voluntarios que participaron en las jornadas: “Habéis dado a la JMJ el rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega”. Al final de su viaje, pocos minutos antes de volver a Roma y en el aeropuerto, Benedicto XVI se refirió a España como “una gran nación, que en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica”.

Destaca la implicación de toda la sociedad y las autoridades para que fueran días de carácter religioso y no “cohetes de verbena”.

EL DIRECTOR EJECUTIVO RECUERDA LA JMJ

El director ejecutivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) celebrada en Madrid en agosto de 2011, Yago de la Cierva, recuerda este acontecimiento, del que ahora se cumplen 10 años, como “una semana mágica” en la que todo el país se “puso a trabajar codo con codo” y que, además, fue “importante para Iglesia española”. “Para demostrar que podía hacer algo con transparencia y seriedad económica”, ha señalado.

Ese es uno de los frutos que, según De la Cierva, se recogieron de la organización de las jornadas y que, para la Iglesia era necesario, según ha indicado, “después del desastre de la visita del Papa a Valencia unos años antes”.

Pero el director ejecutivo de la JMJ 2011 también destaca lo importante que era para Madrid, entonces, la realización con éxito de un acontecimiento de estas características, ya que se hallaba inmersa en la lucha por la candidatura para los Juegos Olímpicos de 2020.

“Cuando la perdimos fue doloroso, pero se ha visto que tuvimos mucha suerte con esa derrota. No quiero ni imaginar cómo habrían sido unos JJ.OO. en Madrid durante la pandemia”, ha reconocido De la Cierva.

LA TORMENTA Y UNA COMIDA PRIVADA

Aún así, destaca que lo que supuso la JMJ para el país fue, fundamentalmente, “una siembra” porque, ha indicado, “la clave” de estas jornadas es “lo que pasa después”. “Aquellos que han regado y han quitado los abrojos han recogido mucho fruto, y aquellos que no, pues los resultados han sido magros”, ha explicado, antes de añadir que esta enseñanza vale “para las personas, para las parroquias, para las comunidades de vida consagrada, para las diócesis” o “para todos”.

De sus momentos favoritos, o más destacados de aquellos días, De la Cierva recuerda la tormenta que cayó sobre Madrid y que califica de “sobrecogedora”. “Llovía a mares, y el viento era tan fuerte que el agua llegaba en horizontal“, recuerda. “Hasta el sistema de megafonía se estropeó y no había modo de comunicarse con los millones de personas”, ha añadido.

De ese día recuerda que el Papa lo vivió con “una tranquilidad pasmosa”, e incluso “hizo bromas a los voluntarios que tenía cerca” y que “estaban más asustados que él”. El director ejecutivo explica que Benedicto XVI les decía: “Lo recordaréis toda vuestra vida”.

También ha destacado el almuerzo que le ofreció el cardenal Rouco en su casa y que fue preparado por las alumnas de la escuela de hostelería Fuenllana. En este sentido, explica que la comida le gustó tanto al Papa que “agradeció a las alumnas todas sus atenciones”, les dijo que “probablemente había sido la mejor comida de su vida”. De hecho, se llevó a Roma el menú individual que tenía cada invitado para dárselo a su personal. “No para que lo imiten –porque es imposible– sino para que vean cuánto me quieren en Madrid”, les dijo.

UN CARÁCTER PROFUNDAMENTE RELIGIOSO

Estos son dos ejemplos de lo que fueron esos días en Madrid de los que también destaca “el compromiso de toda la sociedad española” para que la JMJ “fuera un éxito del país” y el “compromiso de todas las instituciones de la Iglesia para que el evento tuviera un carácter profundamente religioso, y no fueran cohetes de verbena, que funcionan por entusiasmo y duran unos instantes”.

En este sentido, ha indicado la “cantidad ingente de horas de trabajo que requirió” por parte de “miles de personas”. “Nuestra misión era que la organización no fuera un obstáculo para que los jóvenes tuvieran una experiencia religiosa” ya que Benedicto XVI había puesto como meta que esta jornada “fuera una ocasión de encuentro de cada joven con Jesucristo”.

También ha destacado la labor del Gobierno central de José Luis Rodríguez Zapatero, la alcaldía de Alberto Ruiz-Gallardón y la presidencia de la Comunidad de Madrid de Esperanza Aguirre, porque, ha precisado, “las tres instancias colaboraron por encima de sus disputas políticas.

Al final, ha explicado el director ejecutivo de las jornadas, el 93% de los participantes “se marcharon a casa diciendo que había sido una de las semanas más felices de su vida” y destacando “los ratos de adoración eucarística, la posibilidad de confesarse y las catequesis”.

APRENDIZAJES

Con estos resultados, De la Cierva señala que se han recogido “muchos” aprendizajes, aunque también ha reconocido que sobre todo se extraen de aquello que “fue mejorable”. De hecho, ha indicado, la organización dedicó unos meses para escribir un documento sobre cómo organizar estos eventos multitudinarios, que ha sido muy útil en las JMJ sucesivas, de Rio de Janeiro, Cracovia y Panamá.

“Las JMJ no son hechos aislados sino eslabones de una cadena, y en cada edición se incorporan mejoras de todo tipo”, ha explicado. A su juicio, Lisboa 2023 “será una maravilla”.

Finalmente, De la Cierva ha hecho un llamamiento en este décimo aniversario de la JMJ de Madrid: que este aniversario sirva para releer los discursos del Papa. “Con los ajetreos de la organización, mucho me temo que nunca presté suficiente atención a lo que el Papa nos dijo, pero cuando leí sus discursos me di cuenta de que eran un tesoro. Son magníficos”, ha concluido.