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martes, 20 abril 2021 9:02

El regreso del histórico templete de la olvidada Red de San Luis

En una de las esquinas más concurridas de Madrid, solo asoman andamios y grúas. Las obras de la estación de Gran Vía parecen no acabar nunca y los madrileños empiezan a impacientarse.

Mientras esperamos su inauguración, vamos a recorrer su historia. Conoce la desaparecida Iglesia de San Luis Obispo y el curioso origen de la ya olvidada ‘Red de San Luis’.

Las llamas que hicieron desaparecer a la famosa Iglesia de San Luis Obispo

La calle Montera, hace algo más de un siglo, era muy diferente. Lo que hoy es una de las calles peatonales más transitadas del centro de Madrid, antes la recorrían numerosos coches y tranvías.

En una de sus aceras sobresalía un fachada barroca que llevaba en la calle desde el año 1679. Esta era la desaparecida Iglesia de San Luis Obispo. A este templo acudían vecinos tan ilustres como el escritor Miguel de Unamuno.

Red de San Luis
Calle Montera | Años 50

La Iglesia de San Luis Obispo contaba con una planta de cruz latina y se encontraba alrededor del número 25 de la calle Montera. Este lugar era de los más importantes de la calle hasta que, en los años 30, la historia agitó la vida en Madrid.

Cuando la Guerra Civil acechaba, numerosos templos religiosos pagaron las consecuencias de la agitación social imperante. Cierto sector se dedicó a quemar iglesias y esta de la calle Montera fue una de sus víctimas.

Red de San Luis
Iglesia del Carmen. A la derecha, la fachada de la Iglesia de San Luis que fue traslada.

El 13 de marzo de 1935 un grupo de revolucionarios prendió fuego al templo. El incendio fue devastador. A pesar de él, de las llamas se pudo salvar la bonita fachada barroca construida por Francisco Ruíz.

Curiosamente, esta fachada de la ya desaparecida iglesia de San Luis Obispo fue trasladada a la cercana Iglesia del Carmen. Se instaló en la lateral del templo, la cual da a la calle de la salud.

El madrileño mercado de las ‘redes’

Una vez conocido qué fue de la Iglesia de San Luis Obispo, seguimos nuestro recorrido por la Red de San Luis y nos detenemos en la confluencia de la Gran Vía con la calle Montera.

En este lugar, como en tantos otros del Madrid de la época, había un mercado de comestibles. Este data del siglo XVII. Hay documentos que cuentan que sobrevivió hasta el siglo XIX.

En este mercado se vendían hortalizas, legumbres, verduras… Pero si había un producto que lo convertía en uno de los más famosos de Madrid, sin duda, ese era el pan.

Red de San Luis
Mercado de la Cebada en La Latina

En la mayoría de las ocasiones, el pan que se vendía en la capital provenía de Vallecas. Sin este alimento básico, no se entiende la alimentación en España, por ello, este era de los productos favoritos de los ladrones.

Para que no fueran robados, los comerciantes idearon un mecanismo que evitara la tentación de llevarse un pan bajo el brazo. Unas redes cubrían las hogazas de pan. Este método tan sencillo consiguió acabar con este problema.

Si juntamos la historia de la desaparecida Iglesia de San Luis Obispo con las redes del mercado de la calle Montera, podremos descubrir el origen del curioso nombre que tomó este trocito de Madrid: la Red de San Luis.

El lujoso templete de la Red de San Luis

Tanto la iglesia como el mercado ya no existen. Ni siquiera el nombre de ‘Red de San Luis’ es utilizado hoy en día. Pero si hay algo que persiste en la memoria de los madrileños es el polémico templete.

El 17 de octubre de 1919 se inauguraba la el Metro de Madrid. La primera línea iba desde la estación de Cuatro Caminos a Sol. La penúltima de esta red era la estación de la ‘Red de San Luis’.

La entrada de esta estación de metro se decoró con un lujoso templete diseñado por el arquitecto Antonio Palacios. Otras obras de este maestro de la arquitectura fueron el majestuoso edificio de Cibeles o el Círculo de Bellas Artes.

Red de San Luis
Templete de la Red de San Luis

El art-decó se plasmaba en el diseño de este templete que servía de entrada a la Red de San Luis. Dos ascensores conformaban el interior del mismo. Estos transportaba a diario unos 30.000 viajeros por día.

Para que los usuarios de metro no se mojaran cuando había mal tiempo, el arquitecto decidió crear una marquesina de forja y cristal que servía de refugio cuando la lluvia hacía acto de presencia en Madrid.

En 1969 este templete dejó de funcionar. Tan solo un año después, Arias Navarro (alcalde de Madrid en aquella época) decidió desmontarlo y darle una segunda vida muy lejos de Madrid.

Templete

El templete de la Red de San Luis fue donado a la localidad de Porriño, en Galicia. Este era el lugar de nacimiento de Antonio Palacios. Allí fue instalado en un parque del pueblo.

‘Esto va a ser más largo que las obras de Gran Vía’

Tras la desaparición del templete, en la Red de San Luis se instaló una fuente formada por unas esculturas de aves que movían las alas. En 2009 sería retirada del lugar.

Red de San Luis
Fuente de la Red de San Luis

A lo largo de los años el rumor de que el templete de Antonio Palacios iba a volver a su emplazamiento original siempre ha recorrido las calles de Madrid. Sin embargo, las eternas obras de la estación de Gran Vía pueden convertir esto en realidad.

Los vecinos de Porriño se niegan a devolver el templete de la Red de San Luis a Madrid, por ello, la solución más inteligente ha sido crear una réplica exacta del mismo.

La idea es volver a instalar este monumento cuando finalicen las obras de la estación. La renovación de la estación, además de ello, contempla añadir seis tramos de escaleras mecánicas, nuevos ascensores y un pasillo de conexión con cercanías.

En pocos días se cumplirán 1.000 días desde que la estación de metro de Gran Vía cerrara por obras. Los rumores sobre su reapertura se solapan y lo único que se sabe a ciencia cierta es que a día de hoy lleva 708 días de retraso.

En el vocabulario popular madrileño ya se empiezan a escuchar frases como “esto es más largo que las obras de la estación de Gran Vía”. Quién sabe si de esta curiosa anécdota saldrá un nuevo refrán que perdurará en la historia, como el mismo recuerdo de estas obras que parecen no acabar nunca.