El 112 de la Comunidad de Madrid atiende en la estación de Atocha a unos 200 afectados por el accidente de tren de Urda (Toledo). Son psicólogos especializados en crisis y el dispositivo funciona desde el miércoles, según el balance facilitado por el propio equipo.
El balance provisional del siniestro, sin cerrar oficialmente, sitúa la cifra en 69 fallecidos y 200 heridos, con un número todavía indeterminado de desaparecidos. Los dos trenes implicados, un AVE y un Iryo, habían partido de Madrid con pocos minutos de diferencia y colisionaron entre Los Yébenes y Urda, a unos 118 kilómetros al sur.
En las mismas instalaciones donde el pasado miércoles coincidieron cientos de pasajeros que horas después se convertirían en víctimas, se ha improvisado un pequeño altar. El equipo psicológico trabaja de forma continuada, las 24 horas del día, en salas diferenciadas para viajeros y para familiares.
Cómo se organiza la atención psicológica en Atocha
El grupo lo forman especialistas en crisis y emergencias con experiencia en catástrofes anteriores. Sonia Alejandre y Míriam Jiménez, dos de las psicólogas desplazadas, sitúan la información como primera prioridad: hay familias que llegan «sin saber qué ha ocurrido con su familiar».
«Las emociones más habituales que presentan las familias en esos primeros momentos son incertidumbre y mucha angustia», detalla Alejandre. Conforme pasan las horas, algunas personas empiezan a ponerse en situación de que el ser querido ha fallecido: es el duelo anticipado (la elaboración de la pérdida antes de una confirmación oficial).
Cerca de 200 personas, entre viajeros y familiares, han pasado ya por el puesto de atención psicológica habilitado en la estación de Atocha.
El dispositivo no se ha interrumpido desde el miércoles. Los psicólogos distinguen varios perfiles entre los atendidos, desde el estrés agudo de quienes volvieron en autobús hasta el duelo de las familias que aún esperan noticias.
Cómo llegan los viajeros que sobrevivieron al choque
Muchos regresaron a Madrid en autobús horas después de la colisión, tras pasar por el pabellón habilitado en Urda. «La mayoría presentan un perfil de estrés agudo, de shock, de incredulidad, de vivirlo todo con disociación», narra Jiménez.
La psicóloga resume esas respuestas con una frase que repiten algunos de los atendidos: «Esto no me ha pasado a mí». Otros, en cambio, contactan de lleno con lo que han visto.
- Viajeros que regresaron en autobús desde Urda, «disociados» y «agotados» tras la peor experiencia de sus vidas.
- Pasajeros que llegaron con heridas, algunas leves, y sin haber sido valorados todavía.
- Familiares que acuden en busca de noticias de una persona a la que no localizan.
- Personas a las que ya se ha confirmado un fallecimiento y que requieren acompañamiento.
En el extremo opuesto están las familias que llegan «angustiadas y en shock», según las responsables del dispositivo. La angustia, la desesperación y la tristeza aparecen después, cuando se confirma la mala noticia: «Es un momento de mucho desgarro, y de mucho dolor», cuenta Jiménez.
El recuerdo de Adamuz: pasajeros que reviven la angustia
Por el puesto de Atocha se han acercado también viajeros del accidente de Adamuz (Córdoba), ocurrido el pasado enero y en el que fallecieron 46 personas. Unos buscan atención para gestionar el recuerdo; otros se ofrecen a acompañar a quienes acaban de vivir algo parecido.
«Se acerca gente que vivió la tragedia de Adamuz, por ver si pueden echar una mano», explica Jiménez, que habla de una reactivación emocional de los sentimientos de aquel siniestro. Nueve meses después, aquellos pasajeros vuelven a requerir ayuda.
Qué falta por confirmar y quién asume el seguimiento
Las causas del choque entre Los Yébenes y Urda siguen bajo investigación y ninguna instancia oficial ha atribuido responsabilidad alguna. El balance de víctimas continúa siendo provisional. Nada está cerrado.
Una vez cerrada la primera atención, el seguimiento del duelo pasa a los equipos de Adif, Renfe e Iryo, puestos a disposición de las familias afectadas.
El puesto de Atocha mantiene su actividad de forma continuada y sin previsión de cierre. «Son jornadas que nos dejan exhaustas. Vamos cuidándonos entre nosotras también», cuenta Alejandre.








