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sábado, 29 enero 2022 7:20

El Embalse del Atazar cumple 170 años: así es la historia del destino del río Lozoya

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha visitado el embalse de El Atazar con motivo de su 170 aniversario. El Canal de Isabel II, la empresa más importante de la Comunidad de Madrid, es fiel reflejo de unas de las mejores y mayores infraestructuras hidráulicas de Europa.

Es el lugar dónde se genera el 46% del agua necesaria para el sistema de abastecimiento de la capital, ha destacado durante su intervención la presidenta. Este embalse recorre los municipios del Atazar, el Berrueco, Cervera de Buitrago, Puentes Viejas y Robledillo de la Jara y puede llegar a almacenar casi todo el agua que consume los siete millones de madrileños cada año. Esta presa es la última y la más importante de las cinco que conforman la cuenca del río Lozoya.

«EN EL ATAZAR SE GENERA EL 46% DEL AGUA NECESARIA PARA ABASTECER LA COMUNIDAD DE MADRID»

«Cuando hablamos del Canal hablamos de la prestación de un bien social como es el agua y lo hace con una calidad excelente. Hablamos del cuidado del medio ambiente, de eficiencia energética, de energías renovables de impulso económico y social para Madrid e innovación para afrontar las situaciones mas difíciles que nos podamos imaginar», ha señalado Díaz Ayuso.

El Canal y su agua son dos de los bienes más preciados de la Comunidad de Madrid. Gracias a esta gran organización el canal es referencia en todos estos campos. Por ejemplo, el Canal de Isabel II depura el 100% de las aguas residuales y hace que el 90% de la producción de agua regenerada se vierta a los cauces del río mejorando la calidad medioambiental de su agua y está por encima de los estándares de calidad.

Durante toda su historia el Canal de Isabel II ha estado al servicio de la Comunidad de Madrid. Llevando a cabo desde lo más cotidiano, como es llevar el agua a las casas de todos los madrileños como la gestión de asuntos vitales como ha podido ser, la pandemia sufrida a causa del coronavirus.

EL AGUA DE MEJOR CALIDAD

El río Lozoya nace en las lagunas glaciares de Peñalara recibiendo aguas de varios arroyos tributarios. El recién nacido adopta en su curso más alto el nombre de Arroyo de la Angostura, y discurre por el valle que tiene su nombre, el Valle del Lozoya, recogiendo aguas de infinidad de arroyos y regatos hasta convertirse en el río que más agua aporta al consumo de los madrileños.

Hasta cinco embalses nutre con sus aguas el Lozoya: Pinilla, Riosequillo, Puentes Viejas, El Villar y El Atazar. También habría que señalar el embalse del Pontón de la Oliva, origen del Canal de Isabel II, que ya desde su construcción tuvo problemas de filtraciones, por lo que está en desuso.

Este gran embalse como la mayoría de los existentes en España, se construyó durante el régimen de Franco. A pesar de las suspicacias que tuvieron lugar durante esos años, lo cierto es que a día de hoy seguimos haciendo uso de ellos. Concretamente, el embalse de El Atazar fue el último que Franco inauguró.

PRESUPUESTO DE MIL MILLONES DE PESETAS

El Atazar se comenzó a construir en 1965 atendiendo a la necesidad de abastecimiento de la población de Madrid. Tenía un presupuesto inicial de 1.000 millones de pesetas, pero el desembolso final fue de 5.000 millones.

Las técnicas que se emplearon para su construcción fueron innovadoras. Se construyó, por primera vez en España, una bóveda de doble curvatura y las cargas arquitectónicas descansaban sobre la propia roca del terreno. Con ello se hacia necesario menos hormigón, pero mira por donde, el terreno pizarroso de la zona no resistía bien las enormes tensiones de la estructura, así que hubo que rellenar con grandes cantidades de hormigón y reforzar las zonas de tensión.

El Atazar tiene una capacidad de 426 Hm3 y ocupa 1.070 ha de los municipios de El Atazar, El Berrueco, Berzosa de Lozoya, Cervera de Buitrago, Patones y Puentes Viejas. La bóveda tiene una altura de 143 metros y una longitud de 484 metros y sus aguas, en algunos puntos, llegan a superan los 100 metros de profundidad. Es el último tributo del río Lozoya antes de morir en brazos del Jarama porque el siguiente embalse, el del Pontón de la Oliva, ni siquiera pudo ser usado. Lo construyeron en el único enclave calizo kárstico que hay por la zona y las aguas desaparecían bajo el suelo.